Mar, la mar, esa mar, la que nos rodea, nos baña, nos refresca, nos alimenta el cuerpo… y el alma, que no es menos alimento.

Mar, la mar, esa mar que observo y escucho su sordo bramar en el encuentro con su roca, siempre la misma roca, nunca el mismo mar.

Mar, la mar, esa mar que me lleva a tierra y me abofetea al oír mi letanía de lamentos, al tiempo que me abraza, me consuela y me aconseja, esa mar.

Mar, la mar, esa mar donde el sol y la luna se encuentran en el momento que el negro no es negro, ni el blanco es blanco. Ese momento, si, ese, el de la verdad.

Mar, la mar, esa mar, tu mar, mi mar, nuestra mar

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Content is protected !!